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4 nov. 2011

Un breve viaje por la Lingüística antes del siglo XX

Si hacemos una breve ojeada a la historia de la Lingüística antes del siglo XX, nos encontraremos con distintas visiones del lenguaje como símbolos, lengua, ideogramas, etc. pero no se puede tratar de un tema con rigor científico si no se dispone de la correspondiente documentación. Junto a este aspecto práctico, muy propio de lo humano, aparecen algunas preocupaciones que podríamos llamar filológicas.

Todo tiene su origen en el imperio egipcio, que duró varios milenios; la lengua cambiaba y evolucionaba. La escritura jeroglífica egipcia no compete como tal a la lingüística, sino por todo lo que nos dice del conocimiento del lenguaje. Destacan su expresión simbólica, código de símbolos o símbolos-frases que evolucionan hasta signo-palabra y manifestaban la anotación fonética orientadora de realización de sonidos en función del valor significativo del jeroglífico en su contexto.

En la civilización sumero-acadia aparece otro problema práctico con implicaciones lingüísticas: el bilingüismo. Esta situación obliga a finas diferencias tanto de realización o fonéticas como de comprensión o contenido. Se preocupan por el léxico: cientos de miles de planchas de arcilla tenían en la biblioteca de Babilonia en los que se escribieron un extenso vocabulario. Emplean caracteres de escritura cuneiforme, simbólica también pero evolucionada de tal forma que se acerca al económica alfabeto, lo cual supone un gran acercamiento al concepto d segunda articulación.

En esta misma línea se encuentra la China antigua, de la cual disponemos de menos documentación. Su escritura no es jeroglífica, sino ideográfica. No ofrece análisis fonético ya que cada ideograma corresponde a un concepto. En cuanto en los antiguos habitantes de la indias encontramos el primer intento serio de sistematizar una lengua. Su lengua era el sáncrito. Los hindúes llegaron a una descripción muy cercana a la fonología del siglo XX. El sabio Panini nos transmite una posible tradición oral de los estudios lingüísticos. Vemos pues, un análisis de unidades incluidas en otra superior, análisis descriptivo relacionado con los cambios de la evolución de su lengua.
Distinguen los componentes fonéticos de cada realización matizando la fonética de las vocales, que se realizan dentro de la boca según ellos, de la fonética de las consonantes, fuera de los fisiológico en una única realización lingüística. Empezaron a hacer la lingüística preocupándose ya de la gramática, así como de la transcendencia hacia la significación de las unidades compuestas resultantes. El sáncrito se llegó a conocer en el siglo XIX y, con él, se tuvo noticia de estos estudios que nos llaman hoy la atención por su perfección.

En cambio, se obtuvieron los datos del conocimiento lingüístico hebreo a través de la Biblia, como documento histórico. Dichos conocimientos se obtuvieron nos sólo de los hebreos sino también de los demás pueblos con los que tuvieron contacto. Esta lingüística nos ofrecen etimologías: se dan también en nuestra lengua. Podemos encontrar también en la Biblia la conciencia del bilingüismo o plurilingüismo, adquiridas en las relaciones con otros pueblos, por experiencia directa del hecho.

Los fenicios no suelen ser nombrados en la historia de la lingüística pero sin embargo nos legaron la invención del alfabeto y aunque se trata de de la escritura ,este instrumento no hubiera podido llegar a tener ese pragmatismo sin relacionarlo con las unidades de la segunda articulación, que son las unidades que ofrecen un conjunto reducido de cada lengua, entre 20 y 50 fonemas en las lenguas del mundo. El alfabeto supone tres criterios: la supresión de los ideogramas, la supresión de trazos secundarios orientadores y la relación unívoca entre signo gráfico y sonido mínimo evitando toda doble interpretación posible.

En la época clásica de Grecia, donde la reflexión sobre los hechos lingüísticos desde la filosofía griega tienen dos vertientes: 1 Lenguaje como naturaleza o convención y 2 Orden empirista (categorías gramaticales basadas en datos).
Los naturalistas defienden sus ideas basándose en los estudios de la etimología de las palabras. Entre los griegos hay un estudio específico de la lengua y en el dominio de la escritura, perfeccionan el alfabeto añadiendo signos gráfico para las vocales instaurando la acrofonía; esta consiste en nombrar el albabeto. Se busca la realidad que subyace a la palabra y que denota su verdadera naturaleza pero los griegos fueron demasiado filósofos para poder ocuparse de codificar la lengua, por lo que llamaron a los extranjeros bárbaros, lo que que se les llamaría burlescamente en nuestro idioma bla-bla-bla. Por esta razón, los griegos fallaron a la lingüística histórico-comparativa preocupándose de la lengua en sí misma. Platón defiende esta postura pero deja cabida al convencionalismo. Las palabras son arbitrarias según Saussure (convencionalismo) respecto a lo que simbolizan, pero el hecho de que las palabras sean convencionales no significa que el lenguaje lo sea. Años más tarde, en el siglo II a. C. se derivó en otra disputa anterior sobre la regularidad (analogía) o irregularidad (anomalía) de las lenguas. La analogía defiende el predominio de los paradigmas regulares en las lenguas, dicha postura la defienden convencionalistas convencidos de que la lengua se haga de forma regular. Los anomalistas defienden lo contrario al basarse sobre todo en el uso. Los anomalistas estoicos se interesaban en la lógica, la retórica y el uso diario de la lengua, mientras que los analogistas alejandrinos daban más importancia a la crítica literaria.
La construcción gramática fue un proceso arduo en la que tuvo mucha participación de varios autores a los lardo de los primeros siglos de la reflexión filosófica desarrollando de forma dependiente los conceptos lógicos.
Protágoras distinguió tres géneros del griego, Platón estableció la división de palabras en nombres y verbos como pilares de la proposición lógica, Aristóteles la mantuvo ya añadió la conjunción para todas aquellas palabras que no eran ni verbos ni nombres, y también precisa que el sustantivo tiene un valor propio, indivisible y no lleva idea temporal, lo que al verbo se le une al sentido una referencia de tiempo. Gracias a Dionisio de Tracia (s.II a. C.) tenemos la primera recopilación completa de la morfología griega en la que se distinguen ocho partes de la oración y las palabras se clasifican. La sintaxis no se desarrolló hasta el siglo II d. C. en el que Apolonio Díscolo escribió un tratado gramatical con su descripción. La gramática griega influirá en la construcción de las gramáticas latinas posteriores y en los estudios de griego en los siglos venideros. Los latinos nos transmitieron el saber griego a través de sus manuales y adaptaciones de la gramática latina al griego.

Los romanos, quienes en todo lo referente a la actividad intelectual pura siguieron e imitaron sistemáticamente a los griegos; continuaron en a misma línea de concepción y método gramatical. El más famoso representante de la gramática romana fue Donato, ya en el siglo IV p.C., autor del tratado De partibus orationis, en forma de preguntas y respuestas, que se convirtión en el manual de gramática por excelencia de la Edad Media. Los romanos, pueblo mucho más pragmático que pensador, vieron en los estudios gramáticales una excelente ayuda para resolver problemas administrativos.

Para los árabes el interés por la lengua estuvo más dirigido en razones religiosos. Este pueblo oriental tuvo ciertas influencias lingüísticas de los hindúes, pero no debemos olvidar que en su escritura existe la ausencia de signos vocálicos.

Ya en la edad media, continuaron con el latín como lengua de cultura y no se fue más allá de los textos latinos, pero en contraposición con la gramática, sí hubo un progreso en el terreno filosófico sobre la lengua. La lengua sirve para las especulaciones filosóficas de tal modo que bien podemos afirmar que la lengua está al servicio de la lógica. Estas discusiones lógicas dan lugar a la tesis de la lengua universal: la gramática es la para todas las lenguas. J. Tusón afirmaba que la gramática es universal. En esta época nace la distinción entre sustantivo y adjetivo en las partes de la oración. La filosofía de la época del siglo XIII fue escolástica; decían que el lenguaje era una especie de espejo que reflejaba la realidad, por lo que se le llamó gramática especulativa, suponiendo de que existía un isoformismo entre el ser, el entender y el significar. Los gramáticos especulativos se distinguen por su insistencia en los modos. Las lenguas romances estaban desprestigiadas así que la preponderancia concedió a la lengua romance la situación de avanzado defensor del castellano.

En el Renacimiento, se regresa a la civilización humanista de la época clásica de Grecia y Roma frente al teocentrismo medieval; eso implica la vuelta a los estudios de los clásicos latinos y a escribir nuevas gramáticas basadas en el latín clásico. Existió un considerable interés por la lenguas vernáculas que con el tiempo, en la época medieval había sido olvidadas, por lo que se elabora toda una serie de gramáticas de dichas lenguas, y en poco tiempo, casi todas la lenguas románicas, tuvieron su gramática propia. Las gramáticas latinas de Escalígero, y sobre todo la de Francisco Sánchez de las Brozas, buscan la razón de los usos y se apoyan en la lógica para dilucidarlos. Esta tendencia tuvo su máximo exponente en la gramática racionalista de Port Royal, surgiend de nuevo la idea de que las estructura de las lenguas reflejan la estructura de la mente humana, y que las distintas lengua surgen de un mismo esquema, basado en la lógica y con visos de universalidad.

Un siglo después, es decir, en el siglo XVII la teoría sigue en sus alturas pero aun sin un puente que sirva para estudiar científicamente la lengua vulgar; dicho puente se tiende con criterios teóricos como la razón de la gramática suplanta al uso. Puesto que la lengua se basa en el pensamiento, las modalidades de la lengua son las del pensamiento. Se describen los sonidos diferenciándolos de las letras, y también en este siglo, se dedican a los principios gramaticales y recorre las partes de la oración. Instaura el concepto de oración principal y organiza el análisis lógico, tal como aún se hace hoy en algunas gramáticas.

En el XVIII se ofrece una doble fisonomía gramatical. Por una parte, es la continuación de los criterios lógico-cartesianos del análisis gramatical instituido en la Gramática general y razonada, y por otra parte aparecen la primeras muestras de lingüística comparada, que en el siglo XIX llevará a la Gramática a ser considerada como ciencia.

El siglo XIX, un siglo de gran revolución lingüística, un siglo donde la lingüística nunca fue ajena a la evolución de las demás ciencias y espíritu de su tiempo; un siglo volcado en la evolución y a la historia en todos los ámbitos científicos. Comenzó estableciendo el método comparativo (F. Bopp), este método sorprendió mucho por el hecho de ser riguroso consiguiendo un notable éxito en el conocimiento de los parentescos entre las lenguas indoeuropeas. Es un método empírico porque se atiene a los datos que extrae por inducción entre las palabras de distintas lenguas que se comparan o entre las distintas etapas de una misma lengua. Frecuentemente se pensó que la lingüística científica comenzaba en el siglo XIX, pero en realidad los comparatistas parten de todo el saber acumulado en siglos anteriores; pero lo que sí es cierto que es la primera vez que se plantea una forma rigurosa de observación de las lenguas. El método comparatista todavía tenía problemas, que se fueron solucionando con las aportaciones de los neogramáticos a partir de 1875:K. Brugmann, H. Osthoff, etc,. Con los cuales se puede decir que la lingüística pasó de ser comparativa a histórica al encadenar los hechos en su orden cronológico. El error fundamental de los neogramáticos fue concebir las lenguas como organismos en constantes evolución sin la posibilidad de estudiarlos en sí mismos. Fue entonces cuando la semilla del cambio de los métodos y los objetivos de la lingüística comenzó a crecer. La aportación de los lingüistas del siglo XIX fue monumental y se les sigue reconociendo todo lo conseguido.





Lamiquiz, Vidal, 1975 Lingüística Española. Sevilla: Publicaciones de la Universidad de Sevilla. 97- 107.
Martinez Celdrán, Eugenio, 1995 Bases para el estudio del lenguaje. Barcelona: Octaedro, S.L. 241-274

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